El caiman y las culebras

miércoles, 4 de noviembre de 2009

nuevo manifiesto nuevo

Si no les derramara lo erótico, si no les sudara el cuello al alzar la voz. / Tengan claro que no les hubiera escuchado ni media palabra. / Si los niños no hubiesen reído en ese tono delirante, si no hubiesen corrido hormigueando la suela de sus zapatos / den por hecho que no tendría sentido estar con ellos ni medio minuto.

Antes de sacar la regla y la escuadra / tengamos la humanidad de aceptarnos como bestias salvajes / y construyamos este mundo, veamos si se puede ordenar la pieza / desde la posibilidad asombrosa de escucharse el corazón a medianoche / ante el deseo del quién yace al otro lado de la cama.
El principio no fue el verbo / sino la carcajada.
* * *

viernes, 21 de agosto de 2009

La cama que chancha (1)

"Hijo de la oración
cada mañana
dejo el seno del cántico
me desnudo del himno
de Dios y desde el polvo
Me atrevo a repetir altas palabras.
Escribir es nacer."

(Manuel Altoaguirre)

Una forma cúbica, hexagónica ante la mirada bidimensional. La bibliotecaria me preguntaba sobre este sueño de infancia justo antes de balbucear de serpientes mientras dormía, antes de que el gemido atravesara hasta su habitación y antes del trasnoche y mucho antes que ahora.

Ahora imagina nada mas que la infinidad cifrada con una notación desconocida y dentro de algún punto indeterminado de esta una forma cúbica, hexagónica ante la mirada bidimensional. Un cubo de vidrio, un terrario para ser mas exactos, con un poco de tierra, piedrecitas y pasto.

Imagina entonces, si es que todavía te queda un poco de paciencia para aguantar mis rodeos, que desde ese terrario de vidrio sobre el infinito planisferio de nomeclatura tuerta, emerge desde la profundidad inconmensurable entre la superficie de hierba y los tres centimetros de tierra una pequeña niña de piel morena y ropas sencillas, de voz silenciosa cuyo nerviosismo lo suda por la punta de su nariz.

Hoy en el teatro la rubia casi se le aclara mas la piel y casi me levantaba llorando de la butaca confiado en que eras tú. Ponía mi cabeza en su seno izquierdo y escuchaba tu corazón.

Escritos y cachureos que están en mis cuadernos y que voy a tratar de compartir para el que lo quiera leer

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